Soy muy fan del trabajo de Jason Freeny,  diseñador industrial norteamericano del cual me gustan sus famosas esculturas hechas a partir de personajes populares o POP, que están en el borde entre el arte y el diseño, y cuyo mercado es mayormente los coleccionistas de art toys.

Hay varias razones por las cuales contemplar el arte de este señor resulta en un ejercicio benéfico para la salud mental de cualquier diseñador@ o aficionado a:

Los personajes que vemos en sus figuras son parte de nuestra infancia, han estado en nuestro imaginario por mucho tiempo, forman parte de la cadena de comercialización de productos masivos cuyos derechos pertenecen a compañías transnacionales, y sin embargo él, Jason Freeny, desde su trinchera, ha sabido aprovecharse de este complejo sistema y salir victorioso; entendiéndose por esto el ser un artista independiente que trabaja como se le da la gana.

Claro que aquello que podría parecer un éxito fácilito es sólo la manera en la que solemos ver el éxito ajeno; que le paguen hoy en día por una de sus esculturas 15,000 USD significa que detrás hay mucho trabajo, constancia y sacrificio. Pero también hay una estrategia comercial propia del campo del diseño industrial; la cual se rige por la primitiva primicia de la repetición; un producto sólo es consumido masivamente cuando el grueso de la población ya está hasta las narices de verlo cada día, por muchos, muchos días.

Aquellos que hemos tomado la decisión de estar interesados en su trabajo y probablemente un día adquirir una de sus piezas – o siquiera pensarlo- vemos en él una especie de artista iluminado, como un mago de la creación de personajes cuya magia radica en saber ver lo que hay adentro. Lo que hay afuera no debe de ser tan importante hoy en día, las etiquetas y los productos mienten con ganas. El trabajo de Jason Freeny dice la verdad; aquello que imaginaste que de grande descubrirías, esa verdad terrible que nos hacía orinarnos de miedo de chiquillos: los personajes cobran vida, son de carne y hueso!

Es este tipo de sabiduría la que me gusta en las esculturas de Jason Freeny, y en general, en todo el arte: llámese pintura, escultura, video, gráfica, diseño industrial, danza, o lo que sea. La capacidad de un objeto para hacernos reflexionar.

Agradecería comentarios constructivos si les place.

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